TEORÍA DEL ARTE PROLETARIO (1942) de Pablo de Rokha
Prólogo a Morfología del espanto (Santiago: Editorial
Multitud, 1942).
Enfrentados a la naturaleza y al hombre interno, al gran enigma que plantea la existencia, peleando entre el ser y el no ser, su verificación dialéctica, a la sombra tremenda y sobrenatural de los símbolos, contestamos en este lenguaje, en el cual la eternidad relampaguea.
¿Anhelaríamos
espantar los monstruos y los fantasmas, hablando la lengua tremenda de los
monstruos y los fantasmas? No. Como los monstruos y los fantasmas son lenguaje,
lenguaje que se azota y se destaca y se derrumba, entre eclipses y puñales,
contra las águilas, este lenguaje no es el lenguaje de ellos, sino que ellos
son este lenguaje (porque todo gran lenguaje es fantasmal y monstruoso, cuando
no sugiere, sino que contiene y ES las cosas). He ahí, entonces, que nosotros
los guerreros y los matemáticos y los verdugos del arte, le estamos ya tocando
las entrañas a la Poesía, al formular, dormidos, los términos del enorme e
insobornable dilema de nuestro delirio, que es nuestro destino y nuestra gran
alcurnia de jornaleros amarillos y aterrados de lo maravilloso.
En
aquel instante, de frecuencia tan siniestra, en el cual agoniza la substancia,
emergiendo de lo inorgánico y la destrucción nueva y recia, la flor de lo
podrido, irrumpe la máquina mágica del poema, báquica y trágica.
Todo
el caos se precipita hacia las hachas de su garganta; rugen los toros, los
cadáveres, los sapos y las culebras viudas, en la ceniza ardida del instinto,
adentro de quien hay una araña, creciendo de la descomposición y un mar-océano
degollado, mostrando el espinazo a las sabandijas, que sonríen, en actitud de
estatuas; los antepasados echan frío y humo entre sus tinieblas.
Así
presenta su frente el canto a la cuchilla del sol, el que le escupe una cruz
negra e inmortal entre los bíceps.
¿Escribo
lo enigmático? Precisamente. Lo enigmático se produce aquí, como un régimen, en
virtud de la claridad que estalla el fenómeno estético, de su luz imperial y
matemática, de aquel orden peligrosísimo que devino mito divino, liturgia e
himno o cábala trágica, abracadabra y mundo, orden del desorden, orden
dramáticamente dramático, como expresión de lo dramático. No buscamos el
horror, lo espantoso resulta de la arquitectura verbal de esta vieja pirámide,
que estamos creando, en este instante. Establecidos en el vértice del estallido
universal, dirigido por nosotros, en donde reside el espíritu, la atmósfera
crucial, estelar, total de lo existente, la dinámica de lo agónico, cogemos los
cabellos del rayo nupcial, en los siglos mínimos, en que la vida pare, muere
nace e impone su poder impávido, echando a rodar cabelleras de vírgenes, por
inmensos ríos de pus, rajando vientres de flores con dentaduras espantosas, que
pertenecen a animales muertos en aquellos tiempos, hollando bellos e inmarcesibles
cuerpos de mujeres idolatradas. De tal manera, lo extraño divide lo humano,
invadiéndolo, asistimos al paraíso de los vestigios o los endriagos, y la ruina
es equivalente a la criatura recién nacida.
Estamos,
ahora, entrando a otro mundo, al mundo en el cual la antigua geografía del
mundo, flamea como una escoba nacional, en los funerales del miserable.
Entonces,
aquí, ¿por qué pedir la luz de la naturaleza, si la luz de la naturaleza
alumbra, únicamente, en la naturaleza? Los rebuznos sublimes como talones, en
los que se expresa la conciencia, no os servirán para definir lo indefinible,
como le sirven, por ejemplo, los cuernos al profesor de filosofía. Además,
rechazad lo inefable por lo inefable y la hechicería, pero, ¡cuidado con los
gazapos!
La
buena fe de la montaña deshabitada, no le inhibe para parir un león de sangre,
arrojándolo, desde las entrañas de las palabras, contra las murallas del objeto
artístico, dominador del objeto religioso-filosófico.
Pero,
si una imagen huye, entonces, como una joven vaca, a la cual va a violar un
sacerdote de Jesucristo, yo le echó una gran lanzada a la garganta y la someto
a la organización estética, porque no es bueno que nadie camine solo en la
sociedad de las metáforas. Pues todo deriva del método, es decir, de la unidad
del método y sus finalidades, tronchando los obstáculos. De lo que se
desprende, que fondo y forma son lo mismo, y cuando el núcleo crece y crece el
volumen, los mostos revientan los zunchos, estableciéndose aquella feliz
cintura de espumas, que es la satisfacción completa. Cuando creamos, todo lo
sabemos, como cuando lloramos. Solamente que la sabiduría del vaticinio, la voz
popular de los bardos, no adivina, EVIDENCIA, no profetiza, ESTRUCTURA los
mundos amados del gran génesis, no creando afuera, ES, es lo creado, la
inmortalidad de lo creado, y el hálito sobrenatural que le imprimen las
rugientes masas sociales, aclamándolo en las cocinerías y en los lechos gozosos
de los vendimiadores.
Como
el mundo todo es el hombre y las relaciones del hombre, los cantos son lo
humano extrapotente, gritando en el relampagueo de las hachas usadas y el
castigo social, el advenimiento de la maternidad inmortal, redimiendo al irredento.
Nosotros
os entregamos la verdad, no como animal maneado de matadero, sino como un
estadio vital, como un país superior de signos, adentro del cual, halláis la
verdad, porque está la verdad, porque es la verdad, desde el momento en el que
vuestra planta, troncha la cabeza de sus héroes muertos, en todas las batallas
de la tierra. Quien toma contacto con nuestra gran negrura, se transforma en
definitivamente iluminador sol eterno. Por lo tanto, no es posible pedir al
cantador que cante, si todos ignoran cuando está callado y afirman que está
llorando, cuando está pensando que los cantos no son pensados.
Nada
es arbitrario, todo es regulado en las comunas del arte.
Un
orden tremendo domina sus fronteras, en donde resurge el inconsciente, trayendo
en su hocico feroz, el sentido de la vida. Pero, a tal escala de valores, solo
responde un abecedario, que entienden quienes abandonaron el entendimiento, a
la entrada de los abismos subterráneos, alumbrando los espantos escalonados,
con un incendio de veneno: la intuición, bestia del pantano boreal, vestida de
paloma. Es definitivamente inútil, pretender comprender, abrazar, entender el
cuerpo del canto con la razón humana. Como todas las cosas se definen por su
utilización, y los fenómenos estéticos solo sirven para SER el universo, en
cada minuto de sus pirámides, aquel que persigue usar el arte, usufructuando su
grande misterio, como usa el hierro y usa las máquinas y usa el fuego, o,
simplemente, el fusil invernal de su desesperación, se aterrará, como quien, al
ir a agarrar un huevo, agarra un sapo, que le saluda, atentamente, como
cualquier difunto bien educado, exclamando: “Señor, ¿es usted su sombra?”
Porque, ¡ay! de quien no fue azotado y crucificado y calumniado en su memoria
siete veces siete y sufrió martirio y escarnio, y entendió lo heroico, por
haber estado cantando, desollado vivo, en la sal quemante de todos los
desiertos, mientras la luna sangraba su palidez azul de culebra mal
comprendida, ¡ay de aquel!, digo, ¡ay de aquel que presume el gran menester y
oficio del creador, para colmar la vida superflua! No, pantanosos mercaderes de
lo divino, no, sudorosos comerciantes, que engendráis, entre pitanza y pitanza,
el monstruo de lo roñoso, en lo roñoso, como quien se traga la propia saliva,
para no ir a buscar agua a la montaña santa, no, animales de despreciable
costumbre municipal, olvidaos de nosotros, por vosotros mismos, y huid de los mártires
y de los héroes, de los héroes y los
mártires de la literatura, si no queréis regresar a vuestros pesebres,
suciamente burgueses, con él corazón carbonizado por LA POESÍA. Sí, porque,
nunca, nadie regresó de ella, si no se suicidó primero, como animal urbano. Y,
únicamente, herido y escarnecido, sobre las más altas montañas, se escribieron
los acentos incomparables de los inmortales de Dios, de los esenciales de la
sociedad, porque son los pueblos hablando, no, clamando, no por la misericordia
y el perdón criminal, sino por la justicia insobornada y terrible.
Aquellos
que afirman que manejan una pluma y son poetas, si son poetas se equivocan:
empuñan la gran espada de fuego del arcángel paradisíaco, la gran cuchilla del
fundador de ciudades y de naciones y del descubridor y conquistador de océanos,
la gran hacha sagrada del pirata, coronada de calaveras e inmensas cosechas
tremendas.
Solo,
únicamente, somos escritores, expresadores, creadores de la belleza total; pero
la belleza es la verdad, la única verdad, la verdad total, la última verdad, la
belleza es la verdad de todas las verdades, mas la verdad de la belleza, es la
verdad social y la verdad moral del mundo; por lo tanto, quien escribe sirve al
pueblo, porque escribe, cuando la escritura es la epopeya del individuo. Solo,
únicamente, somos escritores, es decir, pueblo en trance de expresión, pueblo
en armas, pueblo que talla y levanta y clava su corazón entre los hechos
eternos, condicionando la historia. No estamos al servicio del pueblo, porque
somos el pueblo, el pueblo que ruge, clamante, contra el azote del explotador
imperialista, como un león de dolor, montado por esclavos, estremeciéndose en
las mismas vísceras del universo, con rugido desesperado de planeta que se
escombra.
No
queremos lo inteligible, queremos lo intuible por lo intuible, no queremos los
fenómenos mentales o intelectuales o conceptuales, queremos los fenómenos
intuitivos, INTUITIVOS, no intelectivos, queremos el arte por el hombre, en
función de la sociedad ardiendo.
Todo
gran poema de todo gran poeta es claro, porque lo oscuro es lo irrealizado;
pero es claro, con relación a su organización técnica, con relación a su
espíritu, como es claro un toro, un volcán, un niño, una gran cosecha de
granos: ¿entendéis la Gran Muralla China? Yo no escribo para que me
comprendáis, escribo para comprenderme, y, comprendiéndome, me defiendo de
quienes pretenden comprenderme. Arrodillaos y entrad adentro de la catedral del
poema, si sois capaces de respirar la atmósfera del poema, sin que vuestros
pulmones ACOSTUMBRADOS, estallen, como un pejesapo en la máquina neumática, o
como la panza jocunda del banquero, frente a una idea. Yo deseo entregar el
universo, en virtud de la sociedad, yo deseo expresar el destino del hombre. Yo
deseo ordenar el mundo y la significación del mundo, en estos cantos viejos de
lo inédito, que son lo inédito, porque son estilo y estrategia literaria. No
voy creando estética, voy creando la materia de la estética. Y, como la
inteligencia es la garra humana y la pezuña de lo útil, clavada en la
civilización, es imbécil buscar la cantidad maravillosa del canto, como un
hecho de conciencia, como es imbécil “MODULAR” la filosofía y es imbécil vestir
de obispo o de rana a una escoba, que declama, tranquilamente, versos de tonto
en celo, en cualquiera recepción diplomática.
Aquí,
presente, está lo enigmático y terrible de la naturaleza, lo problemático del
ser, que vive, en virtud de que muere, obteniendo su identidad de la suma de
los contrarios, y su unidad, su relampagueante unidad, de los términos
antagónicos, que le hacen posible lo enigmático y lo problemático y la
ferocidad inmortal de la vida: su síntesis bio-dinámica.
Mordiendo
el pan del soldado, años de años, la sal militar de lo heroico, el sable
rugiente, que emerge, entre las banderas despedazadas, chorreando sangre de
héroes, la atroz disciplina cuartelaria, la servidumbre eminente y formidable
del fin dramático, viven los poetas, a la orilla del abismo territorial del
régimen, polvorosos y arrasados por un simoun[1]
terrible, que brama espanto, desde los cuatro ojos de la tierra, sujetándose
las acuchilladas entrañas. Sí, son tiempos oscuros, y una gloriosa lluvia de
terror nos desgarra las espaldas, como un Dios furioso. ¿Cómo, nosotros, todos,
nosotros los náufragos, que no han de naufragar jamás, nosotros, habríamos de
cantar la saciedad de los hambrientos, los rostros más llagados que llorados y
goteados del extraño cotidiano, que es un pañuelo rasgado, ensangrentado,
flameando entre arriados y tronchados pabellones de esclavitud, en los
subterráneos de la desgracia, que es una gran catedral, una gran catedral de
lágrimas, a la cual lamerá un perro de pueblos, con la lengua cortada del
hereje, en aquel crepúsculo final, al final del límite final, en donde
concluyen todas las cosas, y empieza el caos a llenar de vacío la nada vacía,
lacia y estupefacta, como un pecho de fantasma?
Ajenos
a la irresponsabilidad del usufructuario y del oportunista, ignorados o
menospreciados, como pingajos, por el gobernante infeliz, hinchado de gobierno
mediocre, seboso e indecoroso, como la cocina clandestina de la casa de putas,
mordidos por los perres jocundos, que son la policía del capitalista-fascista,
vivimos la gran soledad horrorosa de los desterrados de todas las patrias del
mundo, trabajando nuestro oficio de maestros de invierno. No intentéis, pues,
sorprender la vieja estrella del navío y la artesanía del creador, porque el
hombre, que es, formidablemente el artista, se defiende con su herramienta,
defiende su herramienta, su derecho a la dignidad de ser crucificado entre cien
ladrones, como algo suyo, por derecho de conquista, ganado con la espada
desenvainada, en la gran batalla con el infinito, y vosotros, ¡oh! desalmados,
queréis robar la majestad de la desgracia divina, a quien, coronado de pálidas
lágrimas, la obtuvo como destino y ufanía.
Si
ESTAMOS en la vía pública, con las entrañas en la mano, ¿cómo queréis que
SALGAMOS a la vía pública con las entrañas en la mano? El escritor es la criatura
de las plazas públicas. Desnudo y escarnecido, está, medio a medio del universo
y la sociedad humana, mostrando a los extraños, inadaptado, el drama de sus
vísceras.
La
historia de la humanidad es la historia de nuestra miseria y nuestra grandeza.
Sus capitanes, sus santos, sus conductores de pueblos, sus caudillos y sus
patriarcas, sus magos, sus profetas, sus políticos, sus sibilas, todos los
mitos sociales y los Mesías, se han expresado en los grandes poetas de todos
los siglos. Y, ahora, los filibusteros de Chile, los “ANIMITAS MILAGROSAS” del
oportunismo de penitenciaría, los cuatreros santos, se levantan, alimentados
por nuestro ingenuo potencial heroico. Echado en su colchón de pobreza,
gritando y abandonado entre sus cuatro murallas de tristeza, gritando su
soledad, sí, gritando su soledad y su majestad herida, el gran poeta parece un
pelele maravilloso, precisamente porque es una gran águila, que anidó en un
corral de gallinero. Además, estimados filisteos, recordad que todo ser
extraordinario crea su propia escala de valores.
Ni
son, ni suceden en el arte las cosas, como son y suceden en la tierra. El
tiempo-imagen es allí lo que las categorías temporal-espaciales son en los
fenómenos de conciencia y, en donde, terribles de hipótesis, en donde,
contradiciéndose, sobreponiéndose, lloraron los años-luz, la desaparición
colosal de las viejas estrellas, grita un orden estético, el nombre de las
apariencias. El rito bautismal del mundo se reproduce, diariamente, en el
poema, derramando sangre humana, sobre la cabeza de la realidad recién nacida.
Si
no escucháis la voz doméstica de vuestros parientes, ni el bostezo de vuestros
pechos o vuestros sueños, fotografiados como cocodrilos venturosos, en el feliz
pantano burgués, ni la patada de asno de vuestro pensamiento dominguero, si no
escucháis en el fenómeno estético la comparación y el símbolo falaz del
universo, escucháis vivir y morir la humanidad y los antepasados, escucháis la
humanidad y su batalla de siglos, por el destino del hombre, arrinconado por
debajo de la razón humana, escucháis el significado esencial de la materia y la
humanidad futura. A través del individuo poderoso, miraréis la multitud,
soberbiamente desgraciada, a través del héroe, los gloriosos muertos de Dios y
su categoría. Yo no me ofrezco, como una res carneada en el ara santa de los
sacrificios, para entretener la rabia sádica del público fatal de los lacayos;
no, no me doy, sangrando, como los dioses suicidas, a vuestra locura de
teófagos de lo maravilloso, porque el arte no es el sobaco de aquella gran
carnicería de divinidades, que es la ciencia. ¡Oíd! ¿Oís las trompetas del
advenimiento del sol, encima del concepto de su utilidad fundamental, con
relación a los graneros?
Pero,
la universalidad del hecho artístico, su numen trágico y ecuménico, elaborado
en lo pan-humano, y, depositario de la riqueza experimental de los milenios, su
resplandor mundial no le inhibe, como pequeña grandeza cotidiana, en cuanto
materia de lo bello.
Nada
del “ensueño” de los fabricantes de ideales, nada de la FANTASÍA FANTASIOSA, de
los que anhelan “la irrealidad artística”; no, la única realidad es la realidad
artística, y, la realidad artística es la expresión de la identidad del
universo, porque solo el arte raja los límites del individuo, y el deslinde
entre el individuo y el universo, entre el universo y el individuo. He ahí, por
qué lo bueno y lo malo pierden su sentido, confrontados con la verdad estética.
Solo lo fallido, estéticamente, es lo inmoral, por IRREALIZADO, por ser un
núcleo que no alcanzó la periferia, un viejo feto muerto en la urna nativa: lo
romántico, la ramazón tronchada de un asombroso árbol arrecido.
Desde
en donde concluye lo individual y comienza lo universal, a la misma orilla del
abismo sin nombre y trágico, desde los subsuelos del ser, cargados de espanto
elemental, desde los fondos ardidos y oscuros, en los que gravitan las larvas
de los espantosos hemisferios del subconsciente, los sueños muertos, los actos
falsos, lo confuso maravilloso, la religión se arrastra colgada a las entrañas
del arte, gritando su actitud herida; que no habrá de lograr nunca la expresión
buscada por los siglos de los siglos.
¿Qué
queréis entender?, os emplazo furiosamente. ¿Qué queréis entender?, ¿pretendéis
entender un poema, como entendéis un caballo? ¿O sois lo suficientemente
idiotas, como para querer describir lo indescriptible? Porque, adentro del
arte, suceden los acontecimientos, no como suceden en lo objetivo transitorio,
sino como suceden en donde NO suceden las apariencias, totalmente redimidas del
tiempo-espacio. ¿Qué queréis entender? Empapelado de “ideas”, el hombre olvidó
sus orígenes, rompió el cordón umbilical con lo infinito, y, únicamente, el
arte podría restituirle la divinidad perdida, es decir, el espíritu SANTO de la
tierra y de la bestia. Los oscuros sois vosotros, porque jamás nunca gritaron
los relámpagos de Jehová en vuestro corazón ciego y utilitario. Es difícil el
arte, es horriblemente difícil e inminentísimo; entrar a él, es como entrar a
una gran montaña de pólvora fumando un cigarro, en la majestad de la noche,
nunca tan tremenda y tan sombría como el corazón del hombre; no arribáis a los
océanos, a entender los océanos, sino a escuchar la soledad del mundo.
Vosotros
adoráis la realidad, y la realidad no existe, la realidad es la historia, la
realidad es la sociedad, y la sociedad es la lucha de clases.
El
hombre existe, porque nosotros sabemos que existe, existe como expresión-acción
y voluntad, como trabajo; el arte es la expresión del hombre; el arte es una
enorme forma de trabajo mal remunerado, es la sociedad expresándose, la
sociedad expresando al hombre, al hombre y al mundo, encadenados a la angustia
total, encadenados al régimen capitalista de explotación del hombre por el
hombre, encadenados a la condición enigmática del universo.
El
artista es el trabajador intelectual, a quien la sociedad burguesa le ha
cortado las manos y el corazón de las manos, arrancándole la lengua sagrada y
pateándole las entrañas calientes y ensangrentadas, para que le alegre,
llorando, sus desdichas.
No,
distinguidos asesinos del fascismo imperialista, no, nosotros no andamos
estructurando lechos de miel para que os acostéis con vuestros queridos, en la
suciedad escandalosa, en la cual engendráis angustia y dais verijas a vuestras
ideas. Nosotros gritamos el horror de la agonía capitalista, nosotros gritamos
la putrefacción y la acusación omnipotente de lo podrido a lo podrido:
crucificados en la horrorosa y aterrada podredumbre, con nuestros deseos
extranjeros, sublimes y descompuestos, nosotros gritamos la sociedad que nace,
adentro de la sociedad que muere, creando un lenguaje maravilloso, con vuestro
material neutro y en derrumbe. Por eso no damos ni pedimos cuartel, en esta
gran matanza, en la cual no seremos asesinados.
He
ahí que mi pluma es el puñal y el fusil de los héroes acumulados en la U.R.S.S.
heroica.
No
escribo licores de falsete, ni sonetos de caballo parroquial, que remonta
dulces pajaritos tristes o gansos cebados de prostíbulo, para entretener las
siestas y las cenas de los carceleros y sus yeguas; escribo los infiernos y el
libertinaje de las culturas falsificadas, sacando los cantos del barro de los
cantos; escribo el estilo de la descomposición angustiosa, con el objeto de
expresar el sentido de la vida en imágenes, el sentido de la vida, a través de
la sociedad, el sentido de la vida, como destino, como batalla, como designio,
porvenir y categoría.
Un
arte proletario, para proletarios, un arte proletario, para las altas y anchas
masas combatientes, a todo lo redondo del planeta, un arte proletario y
subversivo, para el proletariado, en este instante guerrero, porque todo el
mundo será proletario superado.
Sin
embargo, aquí no existe un propósito dramático espectacular, ni un fin
utilitario, que derrumbe en cataclismos de oratoria, el estertor boreal de los
orígenes; estas son masas que cantan, masas que rugen horrores, masas que
braman, llorando o amenazando; la universidad popular del sufrimiento, esculpe
el Chile del azote y la faena desesperada, en estos poemas chilenos y
universales, criollos y universales, en los que todas las gargantas del mundo
escupen sangre horrible.
Indiscutiblemente,
forjamos un arte agónico y caótico de origen, el cual deviene
cosmos-beligerante.
Toda
la congoja del siglo viene del gran capital, porque el gran capital es tristeza
y miseria acumuladas, y el tono del mundo lo da la explotación capitalista.
Costumbre y sueño, reflejan la economía, y es de condición económica la
ecuación de la relación hombre a hombre. Gentes del sur del orbe, nuestras
terribles mantas abrigan corazones de navegantes, golpeados por el huracán de lo
antagónico, y nuestra bandera negra, está consagrada a la divinidad oceánica,
está bañada de dioses fúnebres, está azotada por los vientos corsarios de la
plusvalía y el régimen. La tiranía de la burguesía espantosa, nos colocó fuera
de la ley urbana, y somos salvajes, encadenados a un abismo. Nadie nos escucha,
sino nuestros enemigos y los esclavos de nuestros enemigos, todos como lobos,
el impostor nos acusa y nos difama, y la bestia cebada en la pitanza burocrática,
nos da colazos en el honor, comiendo su santo afrecho en la República. El
bandido de Dios no lee; come y roba la comida a sus semejantes. Por eso,
nosotros, trabajadores intelectuales, soldados del gran ejército de los
humillados y los ofendidos sociales, montamos guardia, cuadrados, frente a
frente a la humanidad futura. Martirio y rol sangriento, crucificados en la
verdad popular, por el pueblo, y por todos los pueblos del mundo.
Terrosos
y ensangrentados, somos pueblo, pueblo terroso y ensangrentado en persecución
de su imagen.
Por
muchos milenios, naufragaría mi lenguaje, adentro de los pueblos de mis
antepasados, desgarrándose y depurándose, hasta hacerse masa frutal en mi
espíritu. Por eso, la tradición popular me pertenece. De catástrofe en
catástrofe, rodando siglos abajo, como caballo sin heredad, mi estilo se
alimentaba de edades y acontecimientos, para la gran empresa de producir el
verbo de la unidad, entre la vida y la muerte. Porque, la antítesis existencial
origina mi poesía, que es la voz tronchada de las multitudes y las muchedumbres
de mi época, contradiciéndome. Lo blanco total y lo negro total pelean en
nosotros; yo me desplazo entre una tesis y una síntesis, entrechocándome, con
mi propio corazón, y su expresión aguda de antítesis, entrechocándome con la
propia lámpara, con todo aquello que creamos, como luz en la gran tiniebla, con
el esqueleto del pensamiento; en las tinajas de fermentación de mi instinto,
están hirviendo juntas todas las formas y las sombras del universo, Soy un
pueblo que habla, un pueblo que anda, un pueblo que ama, bramando, entre todos
los pueblos, EL PUEBLO INTERNACIONAL y ETERNO.
Por
tanto, trabajo la personal epopeya, con la epopeya nacional y universal de los
trabajadores, como el único modo de conocerme y superarme, como individuo.
Mi
acción es equivalente en posibilidades sociales, a la acción del obrero manual,
mi hermano; como yo solo soy un obrero de la inmensa y tremenda construcción de
la humanidad, hacia la sociedad sin clases, la comunidad es la finalidad de mi creación
y la clase obrera, mi clase; soy la clase obrera, ni la adulo, ni la conduzco,
la expreso, soy su expresión aterradora, soy la Hoz y el Martillo de la
literatura.
El
pueblo es la gran oreja, que se escucha a sí misma, el oído del infinito
infinito, montado, medio a medio de las más inmensas torres del orbe “INTERNACIONAL”,
el pabellón que flamea y resuena en la majestad humana.
Poetas
del pueblo, pueblo, nos buscamos, arañándonos con gritazos organizados, como
máquinas o como fábricas, en el estertor de la burguesía imperialista, buscando
lo PAN-HUMANO universal, en el país tronador y pétreo, que come porotos de
presidio, roncando a la orilla del gran océano. Sí, la eternidad nos azota y
nos desgarra el lomo de varones fuertes, como tigres americanos. Pero, nosotros
hemos jurado con juramento tremendo, vivir adentro de las llamas, escarbando el
fuego con los huesos y el sueño, escarbando los antiguos mitos, con el puñal
del estilo, entre las ruinas sagradas de los orígenes y los regímenes,
escarbando la huella de Dios en las sepulturas y en las asambleas, malditos,
heridos, divinos.
Entre
los mundos y los tiempos.
[1] Hace referencia a un viento caliente propio del norte de África y Medio Oriente. [Nota del editor]
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