El poeta póstumo [sobre Juan Luis Martínez] (2024)
Llevo dos décadas huyendo de Juan Luis Martínez. Desde que me topé con su obra, toda la poesía de ahí en adelante me ha parecido un ejercicio de defunción. Escribir en vida para que todo sea funerario. Escribir como un fantasma que regresa del más allá a lo largo de una acotada perpetuidad. Escribir lo que es la muerte con el más exquisito cadáver de la literatura. Todo poeta es póstumo. Pablo de Rokha, el primero; Juan Luis Martínez, el último. Todo lo que he hecho está entre estos dos silencios. El silencio del punto final que es la muerte para lo que no muere. Escribí cientos y cientos y cientos de páginas de poesía para huir de su obra. En mis libros autobiográficos me sacié del yo hasta que diera risa. Quise no tomar ninguna de sus decisiones. Ser el otro del otro que es Juan Luis Martínez. Sin embargo, en cada uno de ellos está presente. Lo cito, lo nombro, hago referencia a su obra. Mientras más huyo de él, más cerca me siento. Más afín. Escribí también para que todo sea...