APOLLYON. Fragmento de OIIII (RIL, 2020)
Pues el que da se libera de tener, se
libera de la esclavitud de los bienes, se libera de lo imperecedero del
capitalismo. El que da no solo da algo sino que se da a sí mismo. Los bienes se
pudren y agusanan cuando se acumulan. El oro de los reyes se convierte en
mierda cuando sueñan. Bienaventurado el que es libre, el que renuncia a tener
cosas que lo atan a este mundo. Bienaventurado el que puede decir “hoy me iré
de este lugar” y en una bolsa guarda todo lo que necesita para su viaje. Lo que
te pertenece no es tuyo, las cosas te han convertido en su esclavo. Debes
cuidarlas y protegerlas de los extraños. No duermes en paz y despiertas en la
noche cuando escuchas el ruido que hacen los gatos en los tejados del sistema.
No solo sabrás lo hermoso que es dar sino también aprenderás lo hermoso de
recibir. Valorarás un vaso de agua cuando estés muriendo de sed. Valorarás un
pan cuando tu estómago se pegue a tu espalda. Darás gracias a quien comparta su
cobijo y te emocionarás con ese calor. Cuando el que es menos que tú te dé algo
recíbelo con gratitud pues es más que tú, ya que en su obsequio va toda la
grandeza de esa persona. Sin embargo, desconfía de los que más tienen, pues
ellos se deshacen de lo que ya no les es útil. Acumulan hermosas basuras que
cuando no les son hermosas arrojan a los cerdos. Nadie le deba nada a nadie más
que lo hermoso que se nos ha dado a cada uno de nosotros. Aprende a dar lo
mejor de ti y aprende a recibir lo mejor de las otras personas. Y cuando
recibas de corazón verás que estás entregando de vuelta y se cierra y abre un
círculo glorioso, feliz y perfecto.
*
Pues repudiable no es quien comete un
delito sino quien sabe que lo está haciendo y aun así lo lleva a cabo sin
buscar otra posibilidad. El mal no es mal en sí mismo sino que un mal que pudo
haberse evitado. Dichoso no es solo el que hace el bien sino doblemente dichoso
es quien puede resarcir el mal en bien. Transformar el camino oscuro y único en
un cruce de avenidas donde otros también puedan salir a buscar el agua para el
día siguiente. El fuego con el que se incendian los campos sirve también para
espantar a las fieras que quieren devorar los animales pequeños. Lo bueno y lo
malo en sí no existen, son oportunidades de acción y transformación que
aceptamos o no. El pecado que aquí se condena es la modorra mental y la
comodidad del espíritu. Eres libre pero ser libre es también un deber y el
deber que te hace bienaventurado es el de convertir, aunar, crear nuevas
salidas incluso a la propia ley. Si eres sabio encontrarás fallas en lo que
creías perfecto y seguramente esto será un delito para algunos pero para tu
corazón no y los que te aman no se ensañarán contigo sino que por el contrario
te acompañarán. Ciertamente quien puede ver más allá de los resplandores y
suavidades de este mundo será más feliz con mucho menos. Cada día será un
descubrir y los años se volverán meses y los siglos, años pues para el sabio el
tiempo se mide no con la luz de algún sol sino que con la luz del corazón y de
la mente. Allí no hay noches frías ni inviernos eternos. Allí todo brilla y se
mueve. No hay bueno ni malo sino justo e injusto. Por eso quien rompe esta ley
es detestable al resto de los ojos. La ley de las correspondencias.
*
Pues lo pequeño es hermoso cuando se ve
con los ojos de lo grande. No hay maravilla mayor que contemplar la flor más
diminuta en el bosque más grande del mundo. Todo lo minoritario se ramifica y
crece. Es la ley natural. He ahí el regocijo de la humildad, ya que solo el
humilde puede agradecer hasta las lágrimas una frazada en una casa que no
conoce. Para el humilde el mundo es pequeño y cada vivencia es una vivencia de
agradecimiento. Para el humilde las sonrisas de los niños son sus propias
sonrisas pues el humilde vuelve a ser un niño. Cada nueva cosa no es una nueva
palabra sino una nueva estrella que lo acompañará en las noches en las que
viaje por el mundo como si fuera su propio hogar. Las grandezas humanas son
ridículas y vanas. Los monumentos se convierten en años de polvo y ni su sombra
es útil a los que allí duermen. Cuídate de quienes creen ser grandes personas
pues allí se esconde solamente un gran vacío que devora todo a su alrededor.
Las grandes personas viven en los detalles. Observa a quien te sirva un vaso de
agua sin que la hayas pedido. Observa a quien te ceda su plato para que comas tú
primero. Observa a quien te ayuda a guardar tus cosas antes de guardar las
suyas. En esa persona no solo verás la luz de su grandeza sino que tu grandeza
aprenderá y querrás ser como ella. El cariño es la huella que dejan las grandes
personas. No olvides reconocerlo. Te será reconfortante cuando el capitalismo
te agobie y creas que ya nada vale la pena. El anfitrión da el pan más grande
no al que más hambre tiene sino a quien más se lo merece. Hazte digno de
recibir bienaventuranzas de quienes te conozcan pues eso serás para ellos y no
te olvidarán.
*
Pues hay quien recibe mucho y quien
recibe poco. El que recibe mucho quiere mantener lo que tiene y el que recibe
poco quiere acrecentarlo. Mantiene el hombre cómodo y acrecienta el que se
esmera. Cuando se te dé en grande no quieras cuidar lo que has conseguido
porque no lo has conseguido solo para que lo cuides sino para que otros también
reciban en grande. No caigas en la falacia de creer que eres grande por lo que
se te ha encomendado que resguardes solo para este invierno. Los molinos están
llenos una vez al año y de allí comen las ratas y sus dueños. Lo grande se le
da al hombre grande para que actúe de manera también grande, no obstante cuando
no es así todo lo que le fue otorgado desaparece al amanecer y ya no volverá.
El capitalismo está enseñoreado con las grandes cosas pero no lo son. Son
diminutas e inútiles. Todo lo grande hace más grande tu sombra y lo imperfecto
te hace más imperfecto. No hagas caso de los alardes de tu vecino. Él está
llenando la soledad de su casa con más objetos de soledad y apaga su propio
incendio con parafina y combustión. Tampoco ansíes con ahínco las cosas buenas
pues ellas llegan solo en el momento en que las sabrás valorar. Mejor es que
aprendas a separar lo valioso de lo que tiene valor, lo justo de lo legal, lo
importante del ruido que hace el mundo. No es uno quien atrae lo que se merece
sino que lo que se merece es lo que le atrae a uno y por eso debes vivir con
los ojos abiertos ante la luz.
*
Pues el dolor existe no solo porque lo
hayamos creado sino porque también lo hemos permitido. Verás cuando recorras
las ciudades que hay enfermos más enfermos que tú ¿y qué harás? Verás que hay
más hambrientos que tú en esas calles ¿y qué harás? Verás cómo se te acercan
las mujeres a pedirte agua para sus hijos ¿y qué harás? Grande es el dolor
ajeno cuando lo ignoramos pero cuando reconocemos que nuestro propio dolor es a
veces insignificante nos hemos curado de él. No seas como esos que enarbolan
palabras para que otros las escuchen y crean que en ellos hay compasión ya que
la compasión la producen ellos mismos. El dolor humano es la enseñanza donde se
une lo terrenal y lo celestial. A nadie se le enseña a renunciar y es hermoso
hacerlo. Las flores más hermosas que he visto no hay que llevárselas sino que
deben seguir ahí junto a ese pantano maloliente e infestado de moscas y
zancudos. Lo que nos hace sufrir nos hace libres de algún modo. La muerte y la
enfermedad son maneras en que se despierta de las pesadillas. No tengas miedo
del hambre y la sed, te enseñarán a comer las algas arrojadas en la playa y a
beber el agua de las flores y tu cuerpo se sanará de sus dolencias. No seas
como esos que huyen del dolor pues el dolor es la sombra que proyectamos al
ponernos de pie. El sol seguirá ahí y tú no.
*
Pues lo justo es lo contrario de lo
equivalente y el valor. El hombre sabio no pide nada ya que entiende que está
recibiendo lo que él no ha pedido y luego necesitará. Cosecha, cuando estés
arrojado en tu cama, todo lo que sembraste durante el día y así al amanecer en
tus manos tendrás nuevas semillas. No quieras nada para ti y así en la ley de
las correspondencias podrás disfrutar de lo que regrese en su justa
retribución. Todo lo grande es algo pequeño visto con los ojos de la humildad.
Disfruta lo pequeño, lo que alcanza en tu mano pues con eso basta para el viaje
que emprenderás. Todo lo terrenal tiene algo de separación. Todo se aleja o
vuelve. Tiene un ritmo natural que no conocemos o no queremos ver. Las nieves
se derriten para llegar al mar, luego evaporarse y regresar a las montañas. Las
nubes no lo pidieron como tampoco los ríos ni la lluvia. Solo pide el que no
quiere dar, pues el generoso construye y convoca a los otros. Pide justicia el
que no es capaz de llevarla a cabo cada día. Pide amor el que no puede amar ni
aceptar ser amado. Pide paz el que no se atreve a ir donde sus enemigos y
llorar frente a ellos. Lo celestial es tan humano como lo terrenal. No busques
más allá de las estrellas lo que está donde duermen los animales. Obsérvalos en
su silencio. Algo dicen sin hablar. Observa los pájaros cuando vuelen sobre tu
cabeza. Van a una parte que tú no sabes. No preguntes qué es lo que quieren.
Sabio es quien no quiere nada pues es libre. Libre es el que deja de pedir y
con sus propias manos crea las bienaventuranzas de este mundo y del otro.
*
Pues el mundo es invisible con tanto
monumento y polvo. Todo lo grande del mundo no es más grande que las nubes que
pasan sobre él. Lo que ha tardado décadas o siglos en construirse puede acabar
en unas pocas horas. No necesitas nada de allá. Es imperecedero y huele a
estiércol. Lo que se acumula se descompone y el mundo está descompuesto. Las
cosas tienen vida para que alguien las mantenga. Es la esclavitud de las
pertenencias. Son los fantasmas del capitalismo. Exigen tiempo y atención.
Exigen su ritual y el alma de quien las posee. Te atormentarán los objetos de
luz y sensación. Vendrá un crudo invierno y volará el techo de tu casa y
estarás desnudo ante las estrellas. Nada de lo que tienes te podrá cubrir de la
lluvia ni entibiará tus huesos entumecidos. Correrás a las cuevas de la montaña
pero allí vivirá el hombre sabio que te arrojará por tu necedad. Te
arrepentirás. Estará oscuro y tu mandíbula congelada se caerá a pedazos al
igual que tus dedos y tus ojos. Luego despertarás y habrá amanecido. Las
pesadillas se construyen en el mundo por los propios hombres. Renuncia a lo que
quieras ser y sé cuanto necesites de ti. No desees más nada de lo que otros
desean. Sé generoso con lo que tienes y con lo que eres. No le niegues tu don a
quien esté a tu lado pues el don se pierde si no se comparte. Es lo único que
necesitas para tu viaje. Bienaventurado el que oye estas palabras.
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